domingo 2 de octubre de 2011

La L real de una Lencha

Yo se que ustedes maricas, se la pasan viendo cuantas cosas lesbicas encuentran en la tv, interneto y anexas. Viven, sueñan, persiguen ese sueño de la perfección homosexual, como si esperaran que esa realidad trascendiera la pantalla y llegara a su vida. El pedo es que pues, eso nunca pasa. Difícilmente pasará. Hoy les hablaré de una etapa de la vida de una lesbiana real.

Alguna vez pensé, como seguramente ustedes han de pensar también, que las únicas cosas que ponian a prueba una relación eran la fidelidad, la distancia y el dinero. Pero estaba bien equivocada, porque saben algo?  bien lo dijeron Greg y Terry en American Dad "nada pone a prueba la estabilidad de una pareja, como lo hacen las remodelaciones". Como todos ustedes, yo me reí y luego lo experimenté en carne propia.

Todo comenzó hace unos meses cuando mi mujer decidió que ya le hacia falta una renovada a su habitación (y provisional nido de amor). Yo, como toda novia solidaria con los deseos de mi amada, estuve de acuerdo, recalcando que era peligroso que durmiera bajo ese techo inestable, viejo y bueno... no era bonito pues. Mi mujer, cuya mejor cualidad es siempre estar innovando, mejorando y reparando todo lo que tenga enfrente, (novia incluida) aceptó el reto y comenzó con un proyecto que solo incluía el techo. Digamos que, su nivel de estrés se disparó (lo siento mi amor, pero así fue) entre sus miles de trabajos y la cuestión de su habitación, no hacia otra cosa mas que preocuparse, estresarse, preocuparse y estresarse. No se si para bien o para mal, esa etapa la viví,  "de lejecitos" porque mis múltiples ocupaciones no me permitieron ayudarle como se debía, quedándome en el rol pasivo de quien escucha, sugiere y reconforta. Resumiré esa etapa diciendo, que después de muchos corajes la habitación de mi mujer quedó con techo nuevo, pero... con paredes inestables y feas.

Ella, o osease mi mujer,  cuya determinación es mucha, nunca deja nada así como así, sin terminar. Hubo que resanar algunas paredes y reforzar el techo. Eso elevó mas su nivel de estrés que ya de por si, es alto, pero creen que a ella le importó? no! no se detuvo hasta que esa obra estuviera culminada. Si, quedó un cochinero, si, su cuarto estaba todo parchado, lleno de escombro, cemento, y había  muchos huecos sin pintura, en pocas palabras, su habitación era como un campo de batalla en el que mi pobre damisela tenia que arreglárselas para dormir, trabajar muchas horas, jugar ps2 y de vez en cuando besuquearnos.  No era lindo, no era un lugar para una princesa.

Pensábamos, ingenuamente, que aquello era la parte mas difícil de todo el proceso, que ya lo que venía sería simple, rápido, quizá, hasta relajante.... Solo faltaba una sola cosa para que el cuarto se viera decente y ese era: la pintura y el reacomodo de los muebles.

Confesaré que tengo años que no pinto una pared, a eso añado que tengo meses que no realizo trabajo que requiera de un esfuerzo mayor que elevar mi brazo 90° y usar el teclado o el mouse de la pc. Estoy gorda, vieja, demacrada, y me atrevo a decir, que también algo senil. Pero yo quería ayudar, quería dar un paso mas en nuestro nivel de compromiso, me sentí lista, preparada y contenta de ser parte de esta obra (bueno, al menos del final). Así fue como me embarqué en esta maravillosa aventura de descubrimiento. Un proyecto conjunto entre dos personas que se aman... que se preparan para vivir juntas... que planean... que.. bueno, fui a pintar.


No sabia en lo que me había metido... no señor...


Continuará...
 

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