Pesé a cualquier noción de satisfacción posible, existen quizá pocas cosas que puedan atormentar el alma infame de una novia inconstante: La duda de "y si no quedó bien?". Tal es la presión autoimpuesta, como lo es la fuerte naturaleza humana de hacer una cosa y no solo hacerla sino "hacerla bien".
De la titanica faena ya han pasado casi dos meses, tiempo en el que cada vez que voy a casa de mi novia, no puedo conciliar el sueño por las noches. Ella, sobresaltada a veces despierta y me abraza, al arrullarla murmura "los hoyitos..." después se voltea cuando le digo al oído "los pinto mañana". Por supuesto que nunca recuerda a la mañana siguiente sus soliloquios nocturnos, ni como la viva promesa entre sueños la reconforta. Por mi parte, sigo estando consciente de que esa pared nunca la terminé de pintar como dios manda, sobretodo cuando di un brochazo involuntario y me pasé a la pared que iba de otro color. Pese a todas las horas que pasé tratando de convencer a mi amada de que no era un brochazo, yo se que la linea no está derecha y que quizá llevé eso en mi conciencia hasta la tumba.
En esas noches, oscuras noches, cuando la culpa y mi conciencia me corroen el alma, solo el fantasma, taciturno, es el testigo de mi mas grande temor, fuera de la idea de esos hoyitos que hacen obvia mi pobre desempeño, un huevo de cucaracha semioculto en la pintura, constantemente está al acecho de mi cara.
Podremos ir a vivir juntas a una casa y pintar muchas otras paredes, pero la idea de que no pinté bien la pared de ese cuarto, me perseguirá por siempre.


1 razonamiento(s) logicos:
ups y yo que ya me ofrecí a resanar unas paredes y a pintar unos muebles... gluup!!
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