jueves 29 de diciembre de 2011

El zapato no interfiere en la calidad del baile

Son tiempos catárticos estos que vivimos.  No puedo pensar en nada mas sublime, porque a veces, es difícil escucharse a uno mismo entre tanto pensamiento histérico. Luego los pensamientos histéricos son chidos, porque entre tanta sexosidad se pierde la noción del tiempo y de la responsabilidad, si no me creen, preguntenme qué he avanzado de todo el trabajo que traje de la oficina a la casa para terminar en vacaciones. No, mejor no me pregunten. Es que no se donde dejé mis papeles. Ven?.

El problema del histerismo, al menos, en la mayoría de mis personalidades, es que luego, cuando la lógica les pone sus temores en perspectiva, se forma un tumulto bien pinche difícil de contener, lo que ocasiona la irremediable toma de decisiones apresuradas tales como salir corriendo y comprar un esmalte rosita mexicano, no teniendo ninguna prenda con la cual combinarlo. Se preguntan amables lectores porque no salgo corriendo a comprar churros?. Fácil, si la memoria no les falla, ya había dicho hace mucho mucho tiempo, (vean la saga de la tanga si no me creen) que ando de un humor fem, hiper fem, con todos los cambios hormonales que ello conlleva. Explicaré el proceso en breve, pero antes de ello, nótese que fue una aventura en la cual quise embarcarme voluntariamente y de la cual, me he arrepentido solo cuando me pongo mis zapatitos de tacón. 

Cuando una es una lencha toda butch, andrajosa, que se depila las piernas con la misma frecuencia con la que existe la posibilidad de algo de buen sexo, el proceso de adecuación es un tanto mas incomodo y difícil. Somos mujeres, claro, claro que somos mujeres, pero dicho atributo no asegura un proceso menos doloroso o incomodo. En suma, para una mujer que ha crecido bajo el adoctrinamiento hippioso de "las mujeres no son objetos de placer del hombre", "el maquillaje es un instrumento de seducción, es la mascara que impide que las personas te vean como realmente eres", etc. y que difícilmente ha tenido una hermana o figura materna lo suficientemente influyente como para adoptarle de rol, la sensación de un trasero entangado y sudoroso puede ocasionar serios traumas difíciles de afrontar. 

Psicologicamente, hay que hacer notar el hecho de que aunque el habito no hace al monje, los converse son cómodos, mucho... mucho muy cómodos. Sin embargo, a la hora de trabajar pues... nada seria mas agradable que su loquera de cabecera luciera unas bonitas zapatillas.  El punto de "quiebre" viene, cuando una acaba de decir "challenge accepted" y se da cuenta que a falta de coche con aire acondicionado, tienes que recorrer la ciudad en ruta y a pie, con tus pinches zapatitos que te aprietan mas que un macaco en celo. En esos casos, con el maquillaje que no me aguanta el sudor, el sol, la acera calcinante, el pantalón a punto de explotar y un bolso que no combina, repito UN BOLSO QUE NO COMBINA! cualquier jota por muy intrépida que sea, se queja y llora poquito, para no correr por completo lo que queda del meicop

Lo complejo viene después, una se sorprende con conductas fuera de lo común, como pidiendo ayuda para abrir un frasco de pepinillos, para levantar una servilleta del piso, para abrir una puerta o para bajarle a la palanca del wc. O cuando las hormonas efervescen de tal manera que tu útero clama por un bebé que te haga ver bonita, bajo amenaza de llanto espontaneo. 

No bromeo, en ultimas semanas, me han sorprendido en situaciones/comportamientos muy maricas y que antes, cuando era una jota troglodita que no conocía las bondades del cabello peinado, pues... no tenia. En pocas palabras, pues si, mi intensidad joteril se ha visto disminuida paulatinamente, con ello, se ha ido mi valemadrismo de "me-siento-en-cualquier-banqueta" y el de "hago-el-ridículo-si-quiero". Me da pánico ensuciarme, o caerme mientras corro, es verdad. En mi vida romántica, he comenzado a preferir los abrazos, los besos, las caricias gentiles, en lugar de las nalgadas kinky's, el bondage y los videos amateur. Me siento bien niña, femenina, virginal, sensible, tanto que con un pellizco leve ya se me hizo moretón, así, así de frágil.

En compensación trato de evocar ese poder que solo unos estilettos le pueden dar a una mujer, si, no es sencillo, porque pues verán, el único modelo que tengo es el de Jenna Jameson y la neta, me incomoda la idea de tener que aclarar mi zona anal para sentirme bien conmigo misma.

No se como ustedes lipstick lesbiansss lo hacen, porque cada vez que me veo en el espejo y mi pulso de maraquero ocasiona que mis ojos se irriten con los piquetes de la mascara, me pregunto, como lograr ese empoderamiento femenino del que tanto me han hablado las películas de Anne Hathaway.


Seguiré intentando pararme derechita.

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