A sabiendas de que la estabilidad mental del ser humano se basa en el sentido de continuidad que solo puede brindar la rutina y la repetición, he decidido mantener mi cordura ayudarles a mantener su cordura llevando a ustedes el tradicional posteo navideño. Como ya no es de Dios abrumar a todo el público presente con mis tragedias navideñas, y pues a parte ya no tiene sentido porque acéptenlo, ya bastante tiene uno con la depresión propia, me limitaré a hablar del espíritu navideño tal y como es concebido por los ojos de quienes me rodean.
De mi familia he hablado mucho, sobretodo de su tendencia a la depresión y de como todos al sentarse a la mesa tratan de disimular sus lagrimas entre sonrisas fingidas y pan de ajo. Por mi parte, me limito a comer escapando ocasionalmente al baño para ahogar mis sollozos entre mis gases, igualmente incontenibles. Fuera de mi casa, se vive otro ambiente, mis vecinos entre su algarabía queman a cuetazos sus aguinaldos, dando por iniciado el maratón que ha de ganar no aquel que comience con el zafarrancho del año, sino el que no muera de una congestión alcohólica producto de la tensión post-disputa familiar. En la casa de al lado, el vecino avaro recibe la visita de los tres fantasmas de la navidad, a quienes suelen llamar "hijos" y que por ahí de las 3 de la mañana se preparan para marcarle a la patrulla, que puntualmente levantará a los rijosos de enfrente. Los que menos tienen a veces son los que mas felices aparentan ser, porque aquí abajito hay una vecindad donde, casi nunca dejan entrar al niñito Dios sin la compañía de un adulto, pero pese a ello, los malandrines se las ingenian para reírse y disfrutar de su ambiente lleno de camaradería. Niños y grandes aprenden la lección mas vital de su existencia futura: la felicidad está en el primer trago de la caguama indio que compraste en la tiendita de la esquina.
Allá afuera, en las calles, los transeúntes caminan por las aceras como cerdos buscando su comida. Corren, chillan, empujan y uno que otro mienta madres o desahoga su furia con su claxon. Todo es caos, destrucción, pánico, estrés, sudor, diarrea. Uno se da cuenta que los pobres, no son los que no tienen dinero para comprar un regalo, no. Los pobres, son los cajeros de las tiendas departamentales y esos, los que envuelven los regalos, porque son los que se chutan la neurosis de aquel, de ellos, de ustedes los que si cobraron aguinaldo y son felices porque les ajustó para un cartón de noche buena. Los pobres, son esos que reciben de lleno el golpe del carrito en los tobillos, los que retrasan la fila por hacer cuentas, los que intentan cruzar las calles, los que, como muchos, quieren llegar a casa y celebrar. Pero no pueden.
Cuando camino de regreso a casa veo a mi alrededor y pienso, que todos los años de mi existencia había pasado las navidades viéndolo todo desde una sola perspectiva: la de la niña demandante que nunca tuvo suficientes regalos o, que en su defecto, nunca tuvo el regalo que quería. Un niño así, se convierte en un adulto rapaz, frustrado y desalmado, que clama cada vez con mayor fuerza por algo que ha olvidado que era. Cuando uno entiende que ya es lo suficientemente grande como para salir corriendo y comprar un pony que montar o que eres demasiado marica como para tener un hijo que deba vivir tus anhelos y frustraciones, pues solo queda un vacío inmenso que solo puede ser rellenado con mariscos y cerveza.
Mi novia, en su esfuerzo por hacerme una mejor mujer, se propuso desde que la conocí aque no arruine sus navidades demostrarme lo que es el espíritu navideño. Si, como la excelente maestra que es, hoy me enseñó lo que es una navidad adulta. Por ella, creo que comprendí que la navidad, no se trata de comprar regalos caros y comer cuanto pavo te quepa en el estomago, no... la navidad es mas que sidra y villancicos... la navidad es:
Allá afuera, en las calles, los transeúntes caminan por las aceras como cerdos buscando su comida. Corren, chillan, empujan y uno que otro mienta madres o desahoga su furia con su claxon. Todo es caos, destrucción, pánico, estrés, sudor, diarrea. Uno se da cuenta que los pobres, no son los que no tienen dinero para comprar un regalo, no. Los pobres, son los cajeros de las tiendas departamentales y esos, los que envuelven los regalos, porque son los que se chutan la neurosis de aquel, de ellos, de ustedes los que si cobraron aguinaldo y son felices porque les ajustó para un cartón de noche buena. Los pobres, son esos que reciben de lleno el golpe del carrito en los tobillos, los que retrasan la fila por hacer cuentas, los que intentan cruzar las calles, los que, como muchos, quieren llegar a casa y celebrar. Pero no pueden.
Cuando camino de regreso a casa veo a mi alrededor y pienso, que todos los años de mi existencia había pasado las navidades viéndolo todo desde una sola perspectiva: la de la niña demandante que nunca tuvo suficientes regalos o, que en su defecto, nunca tuvo el regalo que quería. Un niño así, se convierte en un adulto rapaz, frustrado y desalmado, que clama cada vez con mayor fuerza por algo que ha olvidado que era. Cuando uno entiende que ya es lo suficientemente grande como para salir corriendo y comprar un pony que montar o que eres demasiado marica como para tener un hijo que deba vivir tus anhelos y frustraciones, pues solo queda un vacío inmenso que solo puede ser rellenado con mariscos y cerveza.
Mi novia, en su esfuerzo por hacerme una mejor mujer, se propuso desde que la conocí a
- Niños llorando desconsoladamente por la tiranía de los adultos.
- Adultos comprando en eBay las porquerías que siempre quisieron de niños.
- Gente ebria cantando o en su defecto, niños sobornados por adultos ebrios para que canten canciones que solamente una persona en el éxtasis de su delirium tremens pudo haber compuesto.
- La única fecha del año en la que no comer esta mal visto.
- Regalos caros que puedes empeñar en enero.
- Época de dar... de dar cuantos insultos recibas, bajo la justificación de "debo salvar la navidad de mis niños". Han visto esa peli del regalo prometido? vieron como Arnold se comportaba como un completo imbécil por tal de ver a su hijo feliz?. Ahí tienen mi punto.
- La única fecha del año en la que puedes ver la peli de "Gremlins" una y otra vez, porque pues.. básicamente, es la única cosa buena que uno puede ver y que no involucre a un hombre obeso preguntando como meter su trasero por una chimenea.
- Familias incomodas, constipadas pero anhelantes.
De esta navidad, no se cuanto celebre mi familia, entre su neurosis y sus conductas autoflagelantes, lo que si se, es que si me siento mal, desesperanzada y triste, trataré de recordar el pasillo de esa tienda departamental, donde vimos a esa desesperada madre de familia a punto de abofetear a su hija para que escogiera el regalo mas barato.
Navidad, época de dar... inmensos y poco congruentes discursos que contengan la frase "crees que te lo mereces?".
Vayan, anden... comprenle algo bonito a la mujer que aman, pero recuerden comprar algo calientito para su esposa.


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