miércoles 4 de enero de 2012

Page 3 of 366: Lentitos

Cuando era una mocosita como de 8 o 9 años, mi maestra de primaria llamó a mis padres, los sentó y les dijo lo que todo padre teme: "Sr., Sra., tengo fuertes sospechas de que su niña es retardada y nunca será nada en la vida". Ellos, como la mayoría de los padres que utilizan la negación como recurso de afrontamiento de las situaciones traumaticas, lo negaron y demandaron a la susodicha que explicara puntualmente y con lujo de detalles los motivos por los cuales había llegado a esa conclusión. Mientras yo, medio escuchaba y veía la nada por la ventana, la maestra, con trémula voz indicó que pese a sus esfuerzos por enseñar la lección, no veía que pusiera atención, y que pese a que terminaba mis trabajos, contestaba acertadamente sus preguntas y cumplía con las tareas, mi letra era horrible, y nunca pasaba mis exámenes. Obviamente mis señores padres enfurecieron, no había posibilidad que una señorita hija suya fuera imbécil, por lo que, después de una tarde de regaños, interrogatorios y pellizcos, estuvieron de acuerdo en que lo que a mi me pasaba no era otra cosa mas que una debilidad visual.  Claro, no era ni una cosa ni la otra. Puedo asegurarles, nunca hubo problema alguno con mi vista o mi capacidad intelectual, oh no, a decir verdad, mis pensamientos estaban siempre lo suficientemente alejados de la realidad como para que algo de la escuela me interesara. No tenia amigos, me pasaba los recreos viendo como los otros niños jugaban y lo único que sabia hacer era leer y leer, las clases me aburrían porque la repetición nunca fue lo mio y nunca (hasta la fecha) le encontré lógica a lo que me enseñaba mi maestra, era bien forever alone. 

Sin importarles un comino mis ruegos, mis progenitores me llevaron con un optometrista que felizmente me adaptó unos lentes escogidos por ellos mismos, con la única intención de aislarme aun mas de los escuincles chorrientos de mi escuela. No los necesitaba claro, pero ahí no estaba en juego la reputación del "profesional" sino de la pobre victima que era yo. Así pues, y fiel a mi cruel destino, terminé al final de la semana con un par de lentes de armazón redonda a la Jhon Lennon, si.. pero estos eran de pasta dura... gruesa...  que me hacían ver como una abuela Búho de 8 años. Fui obligada a usarlos durante un año para "corregir" mi problema de visión no especificado, lo cual era un eufemismo muy usado en los 90's para referirse a  "venta de armazón bien pinche fea". El primer día de escuela no fue malo. Fue horrible.  En los 90's, usar anteojos era sinónimo de senilidad, gordura, bajo nivel social y aparentemente mutaciones genéticas, que en los 90's no eran nada chidas, como lo son ahora. 

No obstante, vivir en la fragua del infierno tuvo cosas chidas, perdí mi reputación inexistente claro, pero gané una amiga que años mas tarde se convertiría en mi primera novia. 

Y ustedes dirán, "que pedo con el relato?" es una introducción claro está. 

Hace unos meses, mi mujer y yo buscábamos accesorios para complementar mi nueva imagen "pro". Entre ellos, tomó unos lentes, me los puso, recordé mi antiguo periodo de paria social pero los compré, solo para vencer esos temores. Ella dijo en ese entonces, que a mi me sentaban bien los lentes. En este caso son unos lentes hipsterosos, lenchos, de pastita dura pero cuadraditos. Si, son lentes sin graduación alguna, tal como aquellos lentes que había usado, la diferencia, radica en el hecho de haberlos comprado esta vez por que se me hinchó la gana. 

Hoy después de tener el par de lentes empolvándose y solo por el ventarrón que hacia en la mañana decidí usarlos para ir a la oficina. He de decir que es bien diferente usar lentes cuando uno es adulto, a mi me pasaron cosas raras por ejemplo, como que la gente que se me cruzó por enfrente me miraba y me devolvía la sonrisa, los coches me daban el paso, las cajeras me llamaban "señorita", me abrían las puertas los caballeros, y mi cabello nunca se vio mejor, incluso aunque era un nido de pájaros esculpido a puro ventarronazo. 

En el trabajo, mis coworkers me veían y escuchaban mis desvarios con suma atención, a nadie le importó que no hubiera terminado mis pendientes, no... por una especie de fuerza mística, puedo tomarme el tiempo que quiera, porque dejé de ser una holgazana que gasta valiosisimas horas laborales tragando cacahuates como un simio. No, ya no era una haragana, era un genio... una especie de semidios del diseño de programas de capacitación ...  una estratega, una intelectual en busca de inspiración. 

Una vez mas, Homero Simpson tenia razón. Damn it!


2 razonamiento(s) logicos:

Chilly Willy dijo...

Habría de escribir menos pa poder leer en esos microsegundos que tengo libres en la oficina. No sea desconciderada.

Chilly Willy dijo...

Quiero aclarar que solo alcancé a leer que perdió su reputación jajajaja

 

Culpo a Jung! (y al Señor Puerco) Copyright © 2009 Flower Garden is Designed by Ipietoon for Tadpole's Notez Flower Image by Dapino